NO ERA RESPETO
Hay líderes que te faltan el respeto… y aun así te hacen creer que es parte de tu crecimiento. No siempre lo hacen de forma evidente. No siempre gritan ni insultan. A veces es más sutil que eso. Está en el tono, en la forma, en cómo corrigen, en cómo exponen, en cómo hacen sentir que siempre puedes dar más… pero nunca es suficiente.
Y con el tiempo, te adaptas. Empiezas a normalizarlo. Te dices que así son las cosas, que es parte de la exigencia, que eso te está formando. Incluso llegas a justificarlo porque “gracias a eso aprendiste”, porque “te hizo más fuerte”, porque “te preparó para lo que viene”. Y ahí es donde empieza la confusión, porque una cosa es exigencia… y otra muy distinta es falta de respeto.
Un líder puede exigirte, puede retarte, puede empujarte a crecer. Pero no necesita humillarte, minimizarte o hacerte sentir menos para lograrlo. Cuando eso pasa, no estás frente a liderazgo. Estás frente a otra cosa.
Muchas personas crecieron profesionalmente en entornos así. Equipos donde el miedo era parte del día a día, donde equivocarse tenía un costo emocional alto, donde hablar implicaba exponerse. Y lo más complejo es que, al salir de ahí, no siempre lo ven como algo negativo. Al contrario, lo recuerdan con cierta admiración. “Era duro, pero gracias a él soy lo que soy”. “Me exigía mucho, pero me hizo crecer”. Y puede haber algo de verdad en eso, pero eso no significa que la forma haya sido la correcta, porque crecer a pesar de algo no es lo mismo que crecer gracias a algo.
Y muchas veces, sin darse cuenta, esos mismos líderes que hoy exigen desde la dureza… aprendieron a liderar así. Aprendieron que liderar es presionar, porque así los formaron. Aprendieron que equivocarse se castiga, porque así lo vivieron. Aprendieron que el respeto se impone, porque nunca vieron otra forma. Y sin cuestionarlo, lo repiten. No desde la maldad, sino desde lo conocido. Pero que sea conocido no lo hace correcto.
Cuando el respeto no está presente, lo que se construye no es compromiso, es miedo. Es gente que cumple, que responde, que ejecuta… pero no porque confíe, sino porque no quiere equivocarse. Y un equipo que funciona desde el miedo puede sostener resultados por un tiempo, pero no construye nada sólido. No hay conversación real, no hay confianza, no hay espacio para pensar. Hay cumplimiento, sí, pero a un costo que casi nunca se mide.
Por eso, cuando alguien dice que no hay liderazgo sin respeto, tiene razón, pero no en el sentido bonito que suele compartirse. Tiene razón porque, cuando el respeto no está, todo lo demás empieza a distorsionarse. La exigencia se vuelve presión, la corrección se vuelve ataque, la cercanía se vuelve incomodidad. Y el liderazgo deja de ser algo que construye… para convertirse en algo que desgasta.
Por eso, vale la pena hacerse esta pregunta: ¿esto que viví fue respeto… o fue miedo bien disfrazado? Porque no todo lo que te hizo crecer fue liderazgo y no todo lo que parece exigencia es respeto.
Y si hoy lideras personas, esto no se trata de ser blando ni de evitar la exigencia. Se trata de revisar cómo estás tratando a tu equipo, qué estás generando en ellos sin darte cuenta y desde dónde estás empujando los resultados. Porque cuando el respeto no está presente, lo que parece liderazgo puede estar construyéndose sobre algo mucho más frágil de lo que crees. Y ahí es donde empieza el trabajo que realmente hace la diferencia.
Fuerte abrazo,
Coach Eduardo.